jueves, 11 de septiembre de 2014

Recordar es un ejercicio que valoro mucho. No sólo por el sentimentalismo que esto ocasiona, sino porque recordar es volver un poco al pasado y muchas veces eso significa rescatar algo valioso. Siempre que me recuerdo a mí misma lo hago para rescatarme. Una parte de la Brenda que fui hace unos años, sigue curiosamente intacta en la música que escuchaba entonces. Mutemath, The Postal Service... las letras de las canciones y más que las letras, los sonidos, las melodías en sí son las que me permiten volver a ser aquella persona que tanto amo. ¿Por qué añoro tanto a aquella Brenda? Seguramente porque era más feliz de lo que soy ahora. Hoy en día las preocupaciones me bombardean constantemente. Siempre estoy secretamente preocupada, ansiosa, desesperada o simplemente esperando a que algo increíble pase. En resumen, me siento presionada. Presionada por mí misma. Por eso extraño a esa yo del 2011. Ella no estaba preocupada por nada, no presionaba. No pensaba en qué sería de mi vida, entonces no me interesaba mucho qué carrera iba a estudiar. Yo sólo vivía y lo hacía libremente. Recuerdo que entre los 15 y 17 años conocí muchas cosas nuevas que me llenaban el alma. Cosas me colmaban de alegría. Vivía de tal forma que podía conmoverme fácilmente escuchando las increíbles mazurkas y nocturnos de Chopin hasta estallar en lágrimas. Ahí, a la media noche, yacía mi cuerpo sobre la cama y los audífonos en mis oídos más que transmitir sonidos, eran una suerte de conexión con otros mundos. O las tantas noches escribiendo cuentos cortos, sintiéndome inspirada. La inspiración solía ser una amiga que me visitaba con frecuencia. Estaba sentada al escritorio y entraba ella con una sonrisa en el rostro y cuando menos lo esperaba, ya estábamos trabajando juntas. También estaban esas tardes en las que salía al centro de la ciudad, sola o acompañada, y me iba caminando hasta la catedral y en el trayecto tomaba fotos de todo, lo que fuera. Era casi una necesidad el tomar fotos, el encontrar objetos, lugares, personas o situaciones que me invitaran a presionar el botón y capturarlas en una pequeña memoria de 2 gb. 
Brenda era feliz, no estaba pensando en que el mundo está tan tirado a la mierda que en realidad su forma despreocupaba y gozosa de vivir, estaba casi extinta.  Entonces no me interesaba tener un nombre conocido y mucho menos pensaba que eso significara el éxito y la felicidad. Entonces confiaba en mí y sin llegar a sentirme superior a nadie, podía afirmar para mis adentros "eres una chingona". Pero esa Brenda veía estos momentos muy lejanos. No puedo creer que ya estoy iniciando la carrera universitaria. Periodismo y comunicación pública. Ya sólo tengo cuatro años y medio de carrera. Y es que es así. Son sólo nueve semestres. Me da terror pensar que a lo largo de mi vida universitaria no vea concretado algún logro. No consigo volver a sentir la motivación e inspiración que la otra Brenda sentía. Porque tampoco quiero que la idea de la felicidad y el éxito abarquen únicamente conceptos como la fama, el reocnocimiento, el aplauso, el constante halago. Eso es para el ego, eso está podrido. Lamentablemente aún no sé qué es la felicidad porque aun no sé hacia dónde voy. No hablo de la carrera, las comunicaciones y el periodismo me apasionan, estoy segura que estoy bien con eso. Hablo más bien de cuestiones más específicas, en mi fuero interno sufro al no poder encontrar un sentido concreto de todo lo que hago. ¿para qué lo hago? ¿por qué me enfado? ¿por qué no confío en mí? ¿por qué no me atrevo? ¿qué quiero hacer ahora? ¿cuál es mi siguiente proyecto? ¿por qué no tengo ideas buenas?
Siento que el tiempo juega en mi contra y cada día que pase sin hacerme más sabia, sin haber leído, sin haber logrado algo, es un día perdido. ¡Qué estúpida! Las cosas no deberían de ser así. La espontaneidad no está peleada con lo que quiero lograr, pero tampoco logro relajarme y bajarle a mis preocupaciones. Porque siento que si me relajo, en un momento pasarán un par de años y yo no habré hecho nada, me habré confiado. Sí, estoy exagerando, las cosas no son así. Si de verdad quiero hacer algo sólo falta que me ponga las pilas y tenga los pantalones para hacerlo. Sé que no me debo de preocupar tanto, entiendo que el preocuparme es contraproducente y temiéndole al fracaso sólo fracasaré.
Así que aquí estoy, escribiendo sobre todo esto en mi blog. Esta vez es aquí en mi blog y no en mi diario íntimo porque si publico estos pensamientos siento que me deshago de ellos. 
Mañana vuelvo a casa por el puente. No quiero pensar en este mierda mientras esté allá. No quiero escuchar a nadie hablándome sobre sus proyectos y sus logros ni preguntándome por los míos. Quiero volver al 2011 y tomar cerveza en las rosas con mis amigos hasta que nos pongamos algo borrachos y empecemos a reír y reír. Quiero que la confianza vuelva a mí. Quiero confiar más en mí, dejar de preocuparme, volver a ser como antes. Quiero descubrir películas que me inspiren como entonces y música y libros y formas de pensar que me ayuden a definir quién chingados soy y qué hago aquí. Pero mucho de ésto... es decir, absolutamente todo, tiene que ver con el mundo abstracto que no podemos ver pero que está ahí. Y ese mundo no admite preocupaciones y bloqueos. En el mundo esptiritual, se requieren de paciencia y de apaciguamiento para poder conocer las grandes maravillas que habitan en él. 
Despierta Brenda. Despierta.

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