domingo, 18 de mayo de 2014

La caja de recuerdos

Los recuerdos son maravillosos. Si no pudiéramos recordar las cosas que nos han pasado, no tendría sentido vivir. Si me dijeran que puedo dejar de recordar todo lo malo que me ha pasado, no aceptaría, porque incluso los malos recuerdos nos hacen quienes somos, nos dan nuestro carácter, nos enseñan. Y los buenos recuerdos son como la pulpa de la vida. Si pudiéramos colar nuestra vida y vaciarla en una taza, en el colador quedarían los buenos recuerdos. Resulta que me gustan tanto los recuerdos, que los colecciono. Por eso todo el tiempo estaba tomando fotos cuando iba en secundaria. También porque amo la fotografía como arte, pero en cierta forma siempre busqué guardar los momentos de alguna u otra manera. También fue esto lo que me animó a comenzar a escribir diarios desde los once años y coleccionar cartas y objetos. De hecho, tengo cuatro cajas llenas de ellos. En una tengo mis playeras de la escuela que están completamente llenas de firmas y buenos deseos de mis amigos. Hubieron como cuatro años en los que el último día de clases, mis amigos y yo nos firmábamos la playera de la escuela con plumones de pizarrón y aun conservo todas. En otra caja tengo un montón de objetos de todo tipo que me recuerdan cosas lindas. Tengo, por ejemplo, un montón de estampas de Harry Potter porque Daniel Radcliff era mi amor platónico de niña. También hay cosas como un par de aretes que usé para una presentación de flamenco, medallas de concursos de la primaria, credenciales de kínder, pulseras, pases para quince años, boletos de conciertos, flores secas y muchas, muchas otras cosas. Y en las otras dos cajas tengo cartas. En una de ellas guardo las cartas que mis amigos y familia me han dado en mis cumpleaños y en diferentes momentos de mi vida. Y en la otra, la más pequeña, guardo todas las cartas que él me ha dado a lo largo de estos dos años y medio que hemos estado juntos. Hoy saqué esa caja y me puse a leer algunas de esas cartas. Tengo aproximadamente 30 cartas; algunas muy largas, algunas más breves. Son cartas de San Valentín, aniversarios, cumpleaños, navidad, o sólo porque él quiso escribirme. Dentro de los sobres de las cartas, también encontré otras cosas: 
• 3 monitos de lego
• 6 fotos de él cuando era niño y vivía en Barcelona 
• 6 dibujos 
• 7 transparencias Kodak de lugares del mundo 
• 3 poemas 
• 2 postales 
• 15 billetes de monopoly 
• 21 ecards 
• 6 notas 
• 13 cupones de besos y cosas por el estilo… 
• 1 autógrafo de Volker Schlöndorff 
• 1 manual de cómo usar una cámara análoga que me regaló 
• 1 lista de cosas que le recuerdan a mí 
• Algunas conchitas del mar

Además de esto, tengo dos libretas las cuales representan un reto cada una. Un mes nos hicimos el reto de dibujar algo una vez al día por un mes cosas como lo que nos gusta comer, un miedo, nosotros mismos etc. Y terminamos el reto y nos regalamos el resultado. Lo mismo hicimos otro mes pero tomando fotos. Fue padrísimo.









Todas estas cosas, junto con las cartas, me hicieron pensar en todo lo que hemos pasado juntos él y yo. En verdad estoy muy feliz de poder ver reflejada en esta pequeña caja de cartas, todos los meses que he aprendido y he crecido junto con él. Estos son los momentos en los que los me doy cuenta de que los recuerdos, no importa si son en forma de cartas, fotos, videos etc., son algo que atesoro y amo.

lunes, 5 de mayo de 2014

Nunca sé por dónde empezar cuando escribo. Hubo un tiempo en el que no me costaba nada escribir. Podía tener una idea vaga de lo que quería comunicar y las palabras salían por sí mismas. No era una forma perfecta de escribir, pero cuando terminaba de hacerlo me sentía completa, satisfecha y feliz. Ahora no logro sentir eso porque para empezar, ni siquiera escribo. Tengo un tapón mental del tamaño del universo y no he podido sacarlo en mucho tiempo. Y para ser muy honesta (no contigo que estás leyendo, sino conmigo misma) es que no he podido escribir porque siempre estoy pensando en si a quien le gustará o no. Que asco. Que forma tan terrible de vivir. Escribir es algo que amo, de las cosas que más me gustan y ahora no puedo hacerlo porque siento que nada de lo que escriba le gustará a nadie. Eso es lo difícil de las cosas que se aman, que se mantengan con su razón de ser sin importar qué. Y ahora no puedo escribir si no creo que a alguein se le hará interesante o bueno.
Parte de eso debe de ser ocasionado porque ahora que voy a iniciar mi primer año de universidad, estoy pensando en que me quiero dedicar a mis pasiones, y para poder hacer mi profesión y poder vivir de ello, debo gustar para tener público. Porque al final de cuentas no importa lo que estudie, lo que quiero ser es una creadora de emociones y reflexiones que proyecten la esencia del ser. Osea que quiero ser una artista. Pero también quiero vivir de eso, quiero tener una vida digna. No me interesa una mansión de quince cuartos y un grana jardín, pero sí quiero viajar y tener una buena vida. A veces me gustaría trabajar en cualquier cosa menos en lo que amo para no echarlo a perder con estas cosas. Pero bueno, si soy consiente de todo esto, debo poder hacer algo al respecto.
Creo que lo que haré, en primer lugar, será dejar de esperar la aceptación de todo el mundo en cuanto a lo que escribo o toco en el piano o las fotos que tomo. Sobre todo eso. En esta etapa de mi vida en la que estoy descubriendo mi estilo y mis inclinaciones, dejaré que yo misma sea mi propio juez. Siempre justa claro. Porque siempre he sido muy dura con todo esto. Nunca estoy satisfecha (creo que ningún artista lo está), pero me lo reprocho y está mal. Al carajo las comparaciones y los delirios de grandeza. De querer ser famosa, reocnocida, halagada, mil followers, diez mil lectores, treinta asks, noventa cartas de fans. Eso lo quiere y necesita el ego, no el artista que quiero que crezca en mí.
Normalmente no escribiría sobre esto, no de esta manera. Pero creo que las tres o cuator copas de vino que acabo de tomar, ayudaron. Y no me arrepiento.
El punto de todo esto es que quiero decirme a mí misma que estoy lista. Estoy hambrienta por nuevas experiencias, lugares, personas, porque todo eso significa el camino al autodescubrimiento y con él, el descucrimiento de la verdad. Quiero crecer apra ser sabia, no para ser inteligente. Quiero muchas cosas. Sobre todo ser feliz, sin importar qué. 
Yo creo que esta vida no es la vida verdadera, es una ilusión efímera que vivimos para aprender o para despertar de ella misma. Y quiero hacer de este corto tiempo algo valioso.