Me encuentro en un jardín frente a la biblioteca de la universidad. El día aun no muere, pero no tarda en hacerlo. Y mientras escucho la voz de Rocío Dúrcal, recreo en mi mente los momentos en los que de chica y no tan chica, he pasado tardes en familia y su voz sonaba de fondo. La música tiene un poder increíble cuando se trata de ayudar a recordar. En este justo momento huelo la carne asada, escucho las risas, la plática y me siento feliz. Dicen que uno hace ciertas cosas con frecuencia de forma inconciente porque le recuerdan buenas épocas. Si de pequeño el momento más feliz del día era cuando toda la familia se reunía y comían juntos a la mesa, probablemente de mayores nos guste repetir el plato aunque ya no tengamos hambre y nuestra familia no esté toda junta.
Ahora que he comenzado este camino tan extraño y amenazante que se llama independencia, veo las cosas en retrospectiva y me doy cuenta que mi vida ha sido maravillosa. Mi niñez estuvo llena de felicidad. Durante mi infancia descubrí el mundo de la música por medio de la voz de mi papá a quien siempre le ha gustado cantar. Desde que era una bebé, mi cuerpo respondía al escuchar la música de la radio, la televisión, los casettes y CD's.
Cuando tenía tres años y medio nació mi hermano y en él encontraría la responsabilidad, liderazgo y amor de lo que es ser la hermana myor. En el kinder, la primaria y la secundaria aprendí que soy inteligente y capaz de lo que me proponga. Fui la alumna de buenas calificaciones. Los maestros y maestras siempre me han dicho que soy una excelente estudiante y que seguramente llegaré muy lejos en la vida. Y hasta ahora, me lo he creído. Es verdad que la sociedad tiene que ver en la formación de la persona que somos. Sin embargo, uno siempre debe creer en sí mismo aun cuando no se le diga constantemente que es capaz de todo y más. Bien lo he tenido que comprobar a lo largo de todas estas semanas. Espero esa determinación, que últimamente ha menguado, regrese a mí y me permita continuar con paso firme.
Las clases de piano, flamenco, natación y cursos de verano de futbol y cine, también forman parte de esa etapa de mi vida que extrañamente ha concluído. Un momento determinante para la definición de quien soy, fue la secundaria. Encontré nuevas amistades que estoy segura seguirán a mi lado por el resto de mi vida... o al menos eso espero.
Aunque apenas hace tres meses me vine a vivir a Guadalajara, me parece que esa vida en familia tuvo lugar en otro siglo. Y me llena de angustia el pensar que esas etapas no regresarán. Pero si he decidido que mi vida tome este rumbo es porque confío en que lo mejor aun está por venir. Por eso sigo aquí, día tras día viendo cientos de rostros paseándose por la universidad, caminando sola de regreso a casa y anhelando el fin de semana para disfrutar de mi Morelia por un par de días.
"No hay nada más doloroso en el mundo amor, que vivir sola". Rocío me hace llorar con esa canción. Porque sí, a pesar de que estoy conciente de lo afortunada que soy por estar viviendo esta gran experiencia... me siento sola. No encuentro en las calles por las que camino mi hogar. Doblo en una esquina sin saber con qué me encontraré y me duele la otredad que representa esta enorme ciudad. No tengo amigos. Aun no. Hablo con mucha gente todos los días pero aun no hay en mis contactos del teléfono alguien a quien pueda llamar para hablar. Nadie que esté aquí.
Ahora me pregunto ¿qué es el hogar? ¿Acaso es aquello que conocemos y con lo que estamos familiarizados? A veces creo que no volveré a sentirme en casa si no es en Morelia o ya que forme (si es que decido hacerlo) una familia. Porque hoy, sentada en el principio de un trayecto que durará cuatro años y medio, sólo puedo imaginarme casas de asistencia, departamentos compartidos y la búsqueda interminable de un lugar donde haya gente que viva conmigo y que me haga sentir en casa. Pero pienso que sólo me encontraré con platos sucios de alguien más y ruidos desconocidos en la madrugada, con un refrigeradores compartidos y un escurridor de platos llenos de sartenes y platos que yo no usé. No un hogar.
Seguramente debo aprender a llevar el hogar en mis adentros. Debo aprender ser mi propio hogar. Más aun si tengo ganas de viajar a países lejanos. ¿Por qué a algunas personas nos cuesta más trabajo dominarnos frente a los cambios? No lo sé... pero he aprendido que así soy yo.
Algo es seguro... no importa dónde estemos ni quiénes seamos, todos estamos librando algún tipo de batalla. Esta es la mía.
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