sábado, 10 de enero de 2015

2015

El tiempo pasa rápido. Muy rápido. El año ya nos entregó sus primeros 10 días y pronto volveré a la universidad. Junto con el año comienzo viviendo en un nuevo lugar. Espero que el segundo semestre sea mejor que el primero. Eso sólo lo puedo decidir yo. Hasta ahora el 2015 ha estado lleno de reflexiones sobre lo que la vida es en realidad, sobre cómo se desarrolla y el control que tengo sobre ella. Dominar nuestra propia existencia es un arte. Estoy aprendiéndolo. Mi mamá me prestó un libro que me está recordando las reglas de la vida y cómo jugar sin perder todo el tiempo.
Este año no hice una lista de propósitos. Estoy un poco cansada de las listas. Mejor que todo se vaya desarrollando naturalmente, sin hacer tantos planes e ideales. Tal vez dentro de la espontaneidad esté mi verdadero yo.  Pero sí quiero ser más humilde, escuchar más y hablar menos y ser feliz. 
Este año cumplo veinte años.

 









miércoles, 12 de noviembre de 2014

Aprender a ser mi propio hogar

Me encuentro en un jardín frente a la biblioteca de la universidad. El día aun no muere, pero no tarda en hacerlo. Y mientras escucho la voz de Rocío Dúrcal, recreo en mi mente los momentos en los que de chica y no tan chica, he pasado tardes en familia y su voz sonaba de fondo. La música tiene un poder increíble cuando se trata de ayudar a recordar. En este justo momento huelo la carne asada, escucho las risas, la plática y me siento feliz. Dicen que uno hace ciertas cosas con frecuencia de forma inconciente porque le recuerdan buenas épocas. Si de pequeño el momento más feliz del día era cuando toda la familia se reunía y comían juntos a la mesa, probablemente de mayores nos guste repetir el plato aunque ya no tengamos hambre y nuestra familia no esté toda junta.

Ahora que he comenzado este camino tan extraño y amenazante que se llama independencia, veo las cosas en retrospectiva y me doy cuenta que mi vida ha sido maravillosa. Mi niñez estuvo llena de felicidad. Durante mi infancia descubrí el mundo de la música por medio de la voz de mi papá a quien siempre le ha gustado cantar. Desde que era una bebé, mi cuerpo respondía al escuchar la música de la radio, la televisión, los casettes y CD's. 

Cuando tenía tres años y medio nació mi hermano y en él encontraría la responsabilidad, liderazgo y amor de lo que es ser la hermana myor. En el kinder, la primaria y la secundaria aprendí que soy inteligente y capaz de lo que me proponga. Fui la alumna de buenas calificaciones. Los maestros y maestras siempre me han dicho que soy una excelente estudiante y que seguramente llegaré muy lejos en la vida. Y hasta ahora, me lo he creído. Es verdad que la sociedad tiene que ver en la formación de la persona que somos. Sin embargo, uno siempre debe creer en sí mismo aun cuando no se le diga constantemente que es capaz de todo y más. Bien lo he tenido que comprobar a lo largo de todas estas semanas. Espero esa determinación, que últimamente ha menguado, regrese a mí y me permita continuar con paso firme.

Las clases de piano, flamenco, natación y cursos de verano de futbol y cine, también forman parte de esa etapa de mi vida que extrañamente ha concluído. Un momento determinante para la definición de quien soy, fue la secundaria. Encontré nuevas amistades que estoy segura seguirán a mi lado por el resto de mi vida... o al menos eso espero. 

Aunque apenas hace tres meses me vine a vivir a Guadalajara, me parece que esa vida en familia tuvo lugar en otro siglo. Y me llena de angustia el pensar que esas etapas no regresarán. Pero si he decidido que mi vida tome este rumbo es porque confío en que lo mejor aun está por venir. Por eso sigo aquí, día tras día viendo cientos de rostros paseándose por la universidad, caminando sola de regreso a casa y anhelando el fin de semana para disfrutar de mi Morelia por un par de días.

"No hay nada más doloroso en el mundo amor, que vivir sola". Rocío me hace llorar con esa canción. Porque sí, a pesar de que estoy conciente de lo afortunada que soy por estar viviendo esta gran experiencia... me siento sola. No encuentro en las calles por las que camino mi hogar. Doblo en una esquina sin saber con qué me encontraré y me duele la otredad que representa esta enorme ciudad. No tengo amigos. Aun no. Hablo con mucha gente todos los días pero aun no hay en mis contactos del teléfono alguien a quien pueda llamar para hablar. Nadie que esté aquí. 

Ahora me pregunto ¿qué es el hogar? ¿Acaso es aquello que conocemos y con lo que estamos familiarizados? A veces creo que no volveré a sentirme en casa si no es en Morelia o ya que forme (si es que decido hacerlo) una familia. Porque hoy, sentada en el principio de un trayecto que durará cuatro años y medio, sólo puedo imaginarme casas de asistencia, departamentos compartidos y la búsqueda interminable de un lugar donde haya gente que viva conmigo y que me haga sentir en casa. Pero pienso que sólo me encontraré con platos sucios de alguien más y ruidos desconocidos en la madrugada, con un refrigeradores compartidos y un escurridor de platos llenos de sartenes y platos que yo no usé. No un hogar. 

Seguramente debo aprender a llevar el hogar en mis adentros. Debo aprender ser mi propio hogar. Más aun si tengo ganas de viajar a países lejanos. ¿Por qué a algunas personas nos cuesta más trabajo dominarnos frente a los cambios? No lo sé... pero he aprendido que así soy yo.
Algo es seguro... no importa dónde estemos ni quiénes seamos, todos estamos librando algún tipo de batalla. Esta es la mía.





lunes, 27 de octubre de 2014

Sonrisa chueca




Se terminó la semana que esperaba desde que comenzó el año. Ahora regreso a Guadalajara. No, no puedo decir que regreso a casa. Todavía no. Estoy triste. Estoy desanimada. No quiero regresar. Pero por fortuna, el cielo me regala una gama de colores impresionantes que, por un momento, distraen mi mente de lo que me pone mal. El cielo rojo sangre, anaranjado, morado, azul, dorado. Todos son cielos diferentes y creo que me están diciendo algo.
La luna aparece, pero más que luna es una sonrisa chueca. Esta vez no sé si se burla de mí o sólo me sonríe.
Última caseta. Ya llegamos.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Crónica de una estudiante foránea

Los miércoles sólo tengo una clase de nueve a once de la mañana, así que decidí ir a buscar una nueva casa donde vivir. Aquí en Guadalajara hay muchos estudiantes foráneos, y muchos de ellos son de Sinaloa. Una de las cosas que he aprendido es que es muy diferente salir de fiesta con un sinaloense que vivir con uno. O en mi caso, con dos. Pero bueno... el punto es que con tanta demanda, existen muchas ofertas para vivir en casas de asistencia, departamentos, casas, cuartos etc. Y como no me gusta mucho vivir tan lejos, decidí buscar un nuevo lugar para el siguiente semestre.

A las once de la mañana ya estaba en mi casa, que está justo detrás de la universidad donde estudio. Llamé por teléfono a una señora que en un anuncio publicitario decía  que era la "maestra Judy" y que rentaba un cuarto "precioso". Le dije que quería ir a ver la casa, que si era buen momento. Muy emocionada me dijo que sí y me explicó cómo llegar. Las indicaciones para desplazarme en esta ciudad son uno de mis peores enemigos. Soy distraída para eso, no retengo números de rutas de camiones, ni si me dijeron que me tenía que bajar al principio o al final de alguna calle, no recuerdo muy bien como llehar a un lugar aunque ya lo haya visitado una  o dos veces. Pero dado a que estoy sola en la enorme ciudad de Guadalajara, más vale que deje eso atrás y me vuelva ubicada. 

Después de tomar el transporte escolar, bajarme afuera de un Home Deppot, cruzar un puente peatonal, caminar una cuadra para llegar a la parada y preguntarle a dos personas diferentes dónde se encontraba mi destino, pude por fin llegar al fraccionamiento que buscaba. Para mi sorpresa, aunque se encuentra en una avenida importante y muy larga, el pequeño fraccionamiento con nombre de santo, era lo único decente en la zona. Del otro lado de la avenida había una fábrica y con tres o cuatro kilómetros de distancia un súper, una zona gastronómica y un starbucks. 

Le dije al policía de la caseta que ya me esperaba la maestra Judy, acto seguido marcó un teléfono y después de unos minutos apareció por una esquina una camionetita gris que manejaba una señora que seguramente ya había pasado el cincuentenio. Muy amablemente me sonrío y me subí a su carro. Me llevó casi al final del fraccionamiento, el cual es verdaderamente pequeño, apenas una cuadra más canchas de voley y alberca. Nos estacionamos frente a una casa muy linda llena de enredaderas.

Me gustó mucho la primera impresión de su casa. Al cruzar la puerta principal, me encontré con un montón de cuadros de todos tamaños y formas con pinturas de arlequines, sirenas y paisajes. Eran tantos que unos reposaban en el suelo sobre otros. Cuadros y cuadros apilados a lo largo y ancho de la planta baja de aquella casa. Afuera también había rastros de la profesión de un pintor, habían seis caballetes con pequeñas sillas de colores y muchos pinceles y óleos y acuarelas por todos lados.
"Yo soy artista y mi esposo es médico. Nunca salimos de la casa, aquí trabajamos los dos. Él tiene su consultorio allá adelante." Ahora sabía quién era el artista de la casa.

La señora me llevó al segundo piso y me mostró un cuarto muy amplio y bonito en el que dormía su hija antes de casarse. Era una habitación tan amplia que cabían una cama matrimonial, una mesa grande, un librero, una tele y un clóset de buen tamaño. El baño parecía de hotel de primera clase. En fin... todo me pareció muy bien. Después de pedirle información sobre costo de renta, contratos, reglas, y todos los pormenores, me despedí de ella y salí del fraccionamiento a pie.

No tenía idea de que para tomar el camión de regreso a la escuela, tendría que caminar el equivalente a tres kilómetros para encontrar un puente peatonal que me permitiera cruzar la monstruosa avenida. Por suerte no tuve que esperar mucho a que el camión llegara, mismo que me dejó en la puerta principal de la universidad. Ya que aun era temprano y yo no tenía nada que hacer, decidí que podía ir a otra zona, "Las fuentes" a buscar otra casa de la que ya tenía algo de información. Así que de nuevo tomé el transporte de la escuela y me bajé afuera de Home Deppot.

Entré a una plaza frente al Home Deppot, "Plaza Las Fuentes". Tenía mucha sed y quería comprar algo de tomar. Saliendo de la plaza, decidí preguntarle a una señora que acababa de salir del súper, dónde se encontraba la calle que buscaba. Le enseñé una foto que había tomado con mi celular de la dirección y le expliqué que era una casa a la que iba a pedir información por ser estudiante foránea. Ella me dijo que vivía cerca de ahí e iba para allá así que si quería podía llevarme a ese lugar. Yo no soy nada confiada y normalmente no acepto esas propuestas, pero esa señora se veía bien. Me dijo que su hija estudiaba en la misma universidad que yo. Así que acepté. Tomé una caja de leche que tenía en las manos y donde llevaba el mandado y me ofrecí a llevarla hasta su carro. Era lo menos que podía hacer.

Ahí estaba yo, en una camioneta con una señora desconocida que me dijo que me iba a llevar a mi destino. ¿Saben qué pasó? Que me llevó hasta la casa a la que quería llegar. Tuvimos que buscarla unos diez minutos porque la numeración de las calles era fatal. Pero al fin llegamos y después de agradecerle mucho, bajé del carro y entré a la casa.

El punto de esta segunda casa, es que también era muy bonita y en ella vivían cinco estudiantes. Llevo una clase con una de ellas y me dio gusto verla y saludarla ahí. Pero el cuarto que me ofrecieron era de masiado pequeño y aislado para lo que cobraban. Así que la primera casa hermosa en la que viven un médico y una artista dejaba de ser opción por la lejanía del transporte público. Y esta casa era demasiado cara para lo que ofrecía. 

Regresé abatida y desilusionada a mi casa (atrás de la universidad) y me comí unas corundas con carne de puerco mientras aguantaba las lágrimas. Me habían estado pasando tantas cosas en las última semanas. Papeleo interminable para custiones de la beca, la búsqueda de una nueva casa, el enfado de las fiestas de los alumnos que viven en las casas de mi coto o de cotos de al lado, la duda interminable de si la carrera en la que estoy es la correcta, la incertidumbre del futuro, el extrañar mi casa, a mi novio, a mis papás a Morelia en general. El deseo de estar en la semana del festival de cine allá en casa. Los miedos que salen como producto de otros miedos y del pesimismo... estaba harta.

Prendí la computadora y me metí a facebook. En el grupo que tenemos mis compañeros de la carrera y yo, estamos contantemente compartiéndonos noticias. Leí más sobre el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Alguien en mi timeline compartió un video sobre los problemas del primer mundo comparados con los del tercer mundo.  Recordé que hoy, todos los lugares por los que había caminado, estaban llenos de personas que desarrollaban trabajos forzados, cansados, inhumanos y que pagaban muy poco... apenas para sobrevivir. Cuando salí de la escuela y me bajé en Home Deppot, vi unos "viene viene" sentados en una jardinera mientras tomaban coca cola y fumaban cigarros. Cuando me salí del fraccionamiento de aquella linda casa, pasé por ferreterías y mecánicos en mal estado donde habían hombres con bigote tupido, la ropa manchada de grasa y la expresión de fatiga. Cuando entré a la plaza vi a varias chavitas de mi edad o más chicas poniendo los productos de la gente en bolsas. Aun antes de llegar a mi casa vi, como todos los días, a los albañiles que están pavimentando mi calle y que a veces van a tomarse una cerveza al bar que queda por aquí.

¿Dónde están mis problemas ahora? No los hay. Tengo el dinero suficiente para pagar una universidad muy buena, para pagar la renta de un cuarto amueblado y amplio con baño propio. Siempre que abra la llave, saldrá agua limpia y caliente. El refrigerador siempre está lleno. Todos los días hay comida caliente en mi plato. Si hace frío tengo la posibilidad de escoger entre varias chamarras para abrigarme. Si hace calor puede elegir entre varios vestidos y blusas ligeras. Si tengo ganas, me puedo comprar un café en la escuela o un postre o por qué no, hasta comer ahí aunuqe tenga comida en casa. Si quiero, el fin de semana puedo salir a un bar y regresar en taxi. Todos los fines de semana que he querido ir a Morelia, he ido a pesar de que eso representa un gasto. Allá me esperan mi familia y mis amigos que me aman y siempre están cuando los necesito.

Tengo todo lo que necesito y más. Pero a veces no lo recuerdo, a veces soy demasiado exigente y olvido lo que es el verdadero sufrimiento. Mis problemas no son problemas comparados con los de mucha gente. Mucha como la que sale en las noticias y como toda de la que no sabemos. Esta nueva etapa de mi vida implica nuevos retos. Eso es normal, es parte de la experiencia. Debo de aprender a ver por mí misma y no ahogarme en un vaso de agua. Al contrario, quiero ayudar como pueda a que los problemas de los demás, los problemas de verdad, sean solucionados, por eso estudio periodismo. Por eso vine aquí para estudiar en la universidad que yo quise. Sólo debo recordarlo antes de explotar.

martes, 30 de septiembre de 2014

Retrato hablado

Leyendo un libro sobre la entrevista, me di cuenta que yo misma he sido mi propia entrevistadora a lo largo de los casi veinte años de mi vida. Dentro de la introspección y el diálogo interno que sostengo constantemente existe una entrevista. La diferencia es que al ser yo misma la entrevistada y la entrevistadora, no irrumpo con el flujo mental de mis respuestas y el resultado es una imagen cien por ciento real de lo que soy. Claro que a esa imagen sólo tengo acceso yo por el simple hecho de que se encuentra en mi fuero interno y por mucho que quiera proyectarla nunca lograré hacerlo con el cien por ciento de fidelidad.
Aún así, me ha nacido escribir sobre mí (una vez más) en este espacio de tinta y papel virtuales. Sólo que esta vez le daré un giro a mi forma de expresarme sobre mí misma pues lo haré a manera de entrevista. Y aunque yo no soy un personaje reconocido, influyente ni importante y mi opinión sobre Brenda no es un tema que interese a un público más extenso que el de mis padres, mi hermano y mi novio,  no quiero privarme de la oportunidad de autorrevelarme algo interesante. Como alguna vez le dijo el escritor Tennesse Williams, "Me veo obligado a articular mis sentimientos y puede que aprenda algo sobre mí mismo."

- ¿Por qué la insistencia en comparar el ayer con el hoy?
Cuando uno vive un cambio tan grande como lo fue el venirme a estudiar fuera de casa, es imposible no estar comparando el pasado con el futuro. Aún cuando el pasado se encuentra antes del 15 de agosto de este año y el futuro se haya empezado a desarrollar desde ese mismo día. El día que supe que me venía a estudiar a Guadalajara pensé que mi vida cambiaría pero nadie me dijo que en realidad tendría que construir otra totalmente diferente.

- ¿Entonces el cambio no fue placentero?
Pues... no fue lo que esperaba. Cuando me encuentro en una casa llena de gente extraña, en una ciudad que no conozco y en una universidad en la que por más que hayan miles de alumnos no parece ser que alguno de ellos esté dispuesto a ser mi amigo, no, no es placentero. Pero cuando me encuentro a mí misma interesada en lo que un maestro tiene que decir frente a la clase, cuando me doy cuenta de que mis tareas escolares son cosas a las que yo le dedicaba mi tiempo libre por placer, cuando me encuentro con saludos por los pasillos y cuando sé que el viernes se acerca y voy a ir a visitar a mi familia todo se vuelve más placentero.

- ¿Cuál ha sido la parte más difícil del cambio?
Que me siento sola. No soy una persona antisocial, de hecho creo que soy bastante buena para hacer amigos o por lo menos conocer gente nueva, pero no sabía que tendría que pasar tanto tiempo conmigo misma. A veces me caigo mal y me enfado de mis miedos y de llorar a escondidas y quisiera alejarme de mí misma para ir a buscar compañía más positiva.

- ¿Qué carrera estudias en Guadalajara?
Periodismo y comunicación pública

-¿En Morelia no hay posibilidad de estudiar esa carrera?
Me parece que en una universidad la había, pero cuando supe que lo que quería estudiar era periodismo, no pensé siquiera en contemplar a Morelia como sede de mis estudios. Podría creerse que es así por la situación del estado y la inseguridad de la que todos hablan como si no estuviera instalada en todo lo largo y ancho del país. Pero en realidad me he dado cuenta de que si no consideré a mi ciudad natal como una opción para estudiar la carrera fue más porque yo misma quiero expandirme a lo desconocido y el Iteso me pareció una opción ideal en una ciudad muy grande y cosmopolita que por lo mismo me ofrecería una riqueza de opiniones, pláticas y percepciones que en Morelia no encontraría.

-Y ahora que estás aquí, ¿cuál es tu opinión sobre Guadalajara?
Cuando estaba en Morelia todos hablaban bien de esta ciudad. Yo pensaba en Guadalajara como la ciudad que no tiene problemas, llena de progreso, llena de gente con mente abierta y una vialidad que Morelia necesita urgentemente. Pero la gente de aquí me habla de una ciudad de gente percinada y ultra conservadora, de baches en las calles, de narcotráfico, de corrupción, de crisis y todas las cosas malas que uno pueda pensar de la ciudad en la que vive. Aún no conozco mucho Guadalajara, pero hasta ahora creo que ambas visiones están en lo correcto. Esta no es una ciudad perfecta y me gustan más varias cosas de Morelia, como su centro histórico o la facilidad con la que todos se conocen por ser mucho más pequeña, pero aun estoy reconociendo el lugar en el que decidí vivir y estoy segura de que tiene muchas cosas bellas.

- Como universitaria, en esta nueva etapa de tu vida ¿qué es lo más importante para ti?
Como estudiante universitaria, el aprender todo lo que pueda. El mundo es una competencia constante y el que más preparado está es al que mejor le va. Si algo he aprendido en estas primeras seis semanas en la universidad, es que como periodista debo formarme dentro y fuera del salón de clases. También me importa mucho el ir definiendo dentro del periodismo qué es lo que más me gusta y asegurarme de que a través de él pueda dar un poco de mí para que dentro de mi alcance el mundo se vuelva un lugar un poquito mejor.

- Y para Brenda ¿qué es lo más importante en esta nueva etapa?
 Justamente hoy estaba pensando en eso. Yo siempre he sido la niña de las buenas calificaciones, la "culta" según mis amigos, la del gran potencial y creo que mucha gente espera mucho de mí. Sin embargo creo que es importante recordarme a mí misma que al final lo que haga con mi vida lo hago para llegar a ser feliz, no para cumplir las expectativas de los demás. Siempre he sido muy exigente conmigo misma y a veces no he tolerado las fallas. Me reprocho mucho el no ser excelente con lo que hago y busco los triunfos y recompensas inmediatas. Pero basta de eso. Para mí ahora es muy importante dejar de ejercer toda esa presión sobre mí misma porque lo único que logro es bloquearme y explotar. Ahora quiero darme la oportunidad de ser una joven mexicana de 19 años que acaba de entrar a la universidad y que está experimentando la libertad de estar fuera de casa. Y así relajada y contenta apasionarme por lo que hago y que el éxito y las recompensas lleguen por añadidura.

-¿Cuál es una meta que quieras alcanzar como profesionista?
La primera es ser feliz y que no me falte para lo básico. Pero metas más específicas (que estoy segura irán cambiando o detallándose más) puede ser llegar a tomar fotografías para revistas de la talla de National Geographic o escribir para El País. También me gustaría crear una revista nueva y formarme una personalidad para expresarme a través de la radio. Podría parecer que mis metas son egoístas y sólo quiero engrandecer mi nombre pero en realidad si me voy a mover en los medios lo haré con responsabilidad y siempre manejando la información de la manera correcta. Busco hacer el bien a través de la comunicación de la verdad.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Quiero ser libre



Y mirar al mundo como amigo
Que el día sea mi cómplice constante
No temerle a lo que hay debajo de mi blusa
Pechos pequeños, vientre abultado.

 No asustarme de la espesa noche
Aunque sea oscura y larga
Saber ser mi luz
Cuando no encuentre estrella

Desenfadarme de todo
No acumular nada
y cuando necesite algo
estar llena

Quiero ser libre
Y dejar en paz al futuro
Que llegue sin ser invitado
Y traiga con él sorpresas