En el 2011 una amiga me regaló un LP de Tchaikovsky por mi graduación de
piano. Cuando lo descubrí bajo la envoltura, no podía creer lo que
sostenía con las manos. Entonces le pedí que me dijera dónde lo había
conseguido. Unos días después, me llevó al centro de la ciudad y
entramos en una librería donde había un señor con un ojo de cristal en
medio de pilas y pilas de libros viejos que la gente abandonaba. Además
en otro cuartos habían LPs de todo tipo, sobre todo música clásica y de
artistas y agrupaciones famosas de los setentas y ochentas. En otro de
los cuartos habían revistas muy viejas y en todo el lugar flotaba un
aroma a humedad y nostalgia que me dejaron encantada.
Ahora, varios años después, llevé a mi hermano menor a este lugar (y otros parecidos) a buscar un libro que desde hace tiempo quiere. A él también le gustó mucho este pequeño cementerio de libros olvidados y fue lindo compartir con él la ubicacón de este lugar y toda la emoción que eso conlleva.
Por mi parte, esta última visita salí feliz con una pila de nueve revistas de la National Geographic, algunas del siglo pasado, otras de principios de este. Un pequeño tesoro que ahora me pertenece.
Fotos 2011


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