El último día del año se siente algo diferente; como si algo muriera y sus últimas señales de vida estuvieran en el aire. Y así es, es el tiempo que muere, que se va. Sin embargo, el sentimiento que me provoca esta despedida no es de tristeza ni melancolía, sino de paz. Cuando el año va agotando sus últimas horas, se instala en mí un momento reflexivo en el que me pregunto ¿qué color tendrá el año entrante? Siento que el tiempo se detiene un poco, que pasa más despacio. Es la llegada de la calma en vísperas de año nuevo.
En cuanto al 2013 debo decir que fue un año bueno. Muchas emociones, muchas más que en otros años. Mañana es 2014 y seguramente será un año lleno de cambios para mí.
2014 se bueno conmigo.







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