lunes, 11 de noviembre de 2013

Marianela

En la escuela me han dejado leer "Marianela" de Benito Pérez Galdós. Aun no acabo de leer esta novela, apenas he llegado cerca de la mitad, pero hasta ahora me ha gustado mucho. No quiero ni decir de qué se trata, ni nombres de personajes ni épocas, simplemente quiero compartir en este espacio algunos extractos que me han gustado mucho.




Nunca el sentido del tacto había tenido másdelicadeza y finura, prolongándose desde la epidermis humana hasta un pedazo de madera insensible. 
      ❀ 
 Los tres se sentaron
-Si está esto lleno de flores...-dijo la Nela-. ¡Madre!,¡qué guapas!
-Cógeme un ramo. Aunque no las veo, me gusta tenerlas en mi mano. Se me figura que las oigo.
-Eso sí que es gracioso.

-Paréceme que teniéndolas en mi mano me dan a entender... no puedo decirte cómo... que son bonitas. Dentro de mí hay una cosa, no puedo decirte qué, una cosa que responde a ellas. ¡Ay! Nela, se me figura que por dentro yo veo algo.

-¡Oh!, sí, lo entiendo... como que todo los tenemos dentro. El sol, las yerbas, la luna y el cielo grande y azul, lleno siempre de estrellas; todo, todo lo tenemos dentro; quiero decir que además de las cosas divinas que hay fuera, nosotros llevamos otras dentro. Y nada más... Aquí tienesuna flor, otra, otra, seis: todas son distintas. ¿A que no sabes tú lo que son las flores?

-Pues las flores- dijo el ciego, algo confuso, acercándolas a su rostro - son... unas como sonrisillas que echa la tierra... La verdad, no sé mucho del reino vegetal.
       ❀
Hay muchos pájaros posados allí y muchísimas mariposas que están cogiendo miel en las flores... Choto, Choto, ven aquí, no espantes a los pobres pajaritos. El perro, que había bajado, volvió gozoso llamado por la Nela, y la pacífica república de paj arillos volvió a tomar posesión de sus estados.

     ❀

Pero de día se admiraban principalmente las superpuestas cortezas de la estratificación, con sus vetas sulfurosas y carbonatadas, sus sedimentos negros, sus lignitos, donde yace el negro azabache, sus capas de tierra ferruginosa que parece amasada con sangre, sus grandes y regulares láminas de roca, quebradas en mil puntos por el arte humano, y erizadas de picos, cortaduras y desgarrones. Era aquello como una herida abierta en el tejido orgánico y vista con microscopio. El arroyo de aguas saturadas de óxido de hierro que corría por el centro, parecía un chorro de sangre. 

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